
Ver o no ver, esa es la pregunta
Hace un tiempo, cuando trabajaba como Gerente Comercial en una compañía de Telecomunicaciones, cada vez que nombraba a un nuevo supervisor o gerente (que también es un supervisor), en vez de mandarlo al psicólogo como normalmente se acostumbra, lo mandaba al oculista. Por cierto, al principio todos miraban extrañado esta decisión. Es más, algunos dudaban del intelecto del Gerente. Sin embargo, bastó una explicación para que le encontraran sentido a la firme determinación.
Ser Supervisor conlleva acciones de supervisión y la supervisión implica tener una súper-visión, es decir una visión superior, en consecuencia el ser supervisor tiene que ver con el ver y el orientar, y no con el controlar y mandar.
El entendimiento histórico del ser supervisor ha sido visto como una versión moderna del capataz de la revolución industrial y, como las palabras tienen historia, la interpretación de ese trabajo se ha conservado como un hacer en el control y el mando.
Hoy en día, en los inicios del siglo XXI, seguir con esa interpretación no suma, resta. En efecto, la labor del supervisor debiera apuntar a orientar, especialmente en el dominio de las ventas, en donde las distinciones de creatividad, innovación, optimismo, son las que se repiten día a día. Nada de ésto se puede hacer con un supervisor controlador.
El mayor problema, creo yo, radica en la interpretación del ver. Por cierto, ver es distinto a mirar. El ver, es el mirar más una interpretación y es en la interpretación en donde aparecen los problemas, porque estamos acostumbrados a ver culpables, negligencias, responsables y no oportunidades, posibilidades o nuevas acciones. No confiamos en el actuar de los demás, nos gusta que las cosas se hagan a nuestra manera negando la posibilidad de que exista una distinta a la nuestra. Además, sometemos todo a la dictadura de nuestras certezas, total nosotros tenemos la experiencia.
Por otro lado, nos resulta más fácil, sin darnos cuenta, controlar que crear; cualquiera que tenga una idea distinta a la nuestra de cómo se hacen las cosas, es un ignorante; porque no tiene nuestra experiencia, como si el futuro sólo fuera una extensión automática del pasado. Eso es lo que quisiéramos, pero hace rato que no es así.
El Supervisor ciego y controlador mira los resultados, el supervisor creativo e innovador pone su mirada en el proceso.
Los filtros del pasado no nos dejan ver. Sin embargo, actuamos desde la ceguera creyendo que vemos, por eso tantos errores, tanta gente con brillante currículum que no soluciona los problemas, tanto fracaso en proyectos que en el papel se veían exitosos, tanta idea buena que no se implementa nunca, en fin, tanta desorientación y tanta dificultad para encontrar culpables: es el sino del siglo XXI. Finalmente aparece un joven que sin saber nada de lo nuestro, con prácticas que encontramos ingenuas, irrumpe en nuestras posiciones más sólidas y triunfan.
¿Quién podrá defendernos?... a sus órdenes.

José Miguel Montecinos
Americaventas
|

Jaime García A.
Americaventas
|
|
|


 |