
Prever, Pronosticar, Anticipar
Respecto de la crisis del gas con Argentina, el presidente de CMPC, Eliodoro Matte, explicó que "no se podía prever que el país trasandino incumpliría los contratos". De hecho, dijo que fue una "desagradable sorpresa" que tomó por igual al sector público y privado.
El comentario de Matte refleja uno de los aspectos más olvidados e ignorados del vivir humano: los seres humanos no podemos distinguir, desde el presente, el futuro. Lo que sí podemos hacer son pronósticos (Forecasts); es más, eso es lo que hacemos, pero, en ningún caso - exceptuando la muerte - podemos predecir con certeza el futuro.
Todo lo que hacemos pensando en el futuro, lo hacemos desde nuestros deseos, nuestras certezas, nuestras aspiraciones, nuestras creencias, etc., pero no podemos asegurar que lo que queremos que pase realmente va a pasar. Por mucho empeño y entusiasmo que le pongamos. El futuro no tiene que ver ni con el empeño ni con el entusiasmo, sino con el hacerse cargo responsablemente de nuestro presente.
En nuestra vida cotidiana, hemos desarrollado "herramientas" como la planificación para anticiparnos al futuro, pero, a la larga, ¿cuántas de nuestras planificaciones resultan tal como lo habíamos supuesto? ¿Cuántas, en cambio, hemos tenido que intervenirlas para adecuarlas a las circunstancias y contingencias de un nuevo escenario?
Ajustar una planificación no es señal de que la planificación fue mal hecha, es demostración de que como humanos podemos equivocarnos respecto del futuro dado que no tenemos la posibilidad de prever. No somos adivinos y, con suerte, podemos anticipar el clima de mañana. Mirado así, equivocarse es legítimo y no un error.
Sin embargo, en nuestra cultura occidental, equivocarse es un error y encima es castigado. El modo de vida actual promueve la creatividad e innovación en los ejecutivos y empleados, sin embargo, ambas competencias no son inmunes al error. Dada las consecuencias del error y por miedo al castigo, las personas prefieren andarse con cuidado con lo que hacen en vez de arriesgarse a esa sanción.
Por cierto, vivimos proyectados hacia el futuro - eso no está en discusión -, pero no podemos evadir nuestra responsabilidad respecto de las acciones que nos llevan a ese futuro. Creer que todo lo que hacemos nos debiera permitir lograr todo lo deseado, es una ingenuidad.
Muchos ejecutivos viven esta ingenuidad. Es tal el nivel de exigencia en su hacer que terminan no sólo frustrados ellos, sino también la gente que trabaja con ellos.
El síntoma más característico de este tipo de personas es que siempre anda buscando culpables para justificar un fracaso, sin darse cuenta de que la responsabilidad está en haber partido de premisas equivocadas.
La otra consecuencia de este mal es que las relaciones entre las personas que trabajan bajo este régimen de certeza normalmente se fundan en la desconfianza y el temor.
Anticipar, una nueva dimensión empresarial.
Hasta ahora, nuestro hacer empresarial medía la capacidad de un gerente por su habilidad para resolver problemas. Eso ya no da dividendos. En el siglo XXI, la capacidad de un ejecutivo será medida por su habilidad de anticipación.
La anticipación no aparece desde la desconfianza y el miedo, sino desde la confianza y la serenidad.

José Miguel Montecinos
Americaventas
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Jaime García A.
Americaventas
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